Mian Mir

 

Retrato imaginario del sabio sufí  Hazrat Mian Mir, venerado en la actual Paquistán

(Hazrat significa “Santo”)

Vivió durante el Imperio Mogol (1550–1635) Fue maestro espiritual (pir) del príncipe Darío, hijo del quinto Gran Mogol

Una vez el cuarto Gran Mogol (Yajanguir) decidió visitar al santo, por quien sentía gran admiración. Al llegar con su cortejo a la eremita en las afueras de Lahore, sin embargo, los discípulos del santo no lo dejaron pasar. El emperador, indignado, tuvo que esperar como cualquier mortal su turno. Cuando finalmente pudo ingresar, atónito le preguntó: “¿acaso un fakir necesita vigilantes?”. El santo le replicó completando el verso: “si, para huir de arrogantes”

El emperador entonces se disculpó, y con toda humildad suplicó al santo sus plegarias. Planeaba iniciar una campaña militar para extender las fronteras de su reino hacia el sur de la India. Justo en ese momento, un pobre entraba a la eremita dejando (según la costumbre) una ofrenda de apenas una rupia en la caja colectiva. Mian Mir le ordenó al hombre que tome de vuelta su rupia, y se la entregue al más pobre y necesitado de entre los presentes. Luego de recorrer la concurrencia sin que nadie se la acepte, el hombre le dijo al santo: “Nadie parece necesitar mi rupia”. “Dásela al emperador entonces”, replicó Mian Mir. “Él es el más pobre de esta concurrencia. No contento con un reino, ha venido aquí suplicando mi ayuda para obtener otro”

Tanta era la admiración del cuarto Gran Mogol por este sabio, que una vez le rogó que lo admita como su discípulo. Estaba decidido a renunciar a su reino, ya que para él “una misma cosa eran el oro o los diamantes, o las piedras y ladrillos” (i.e. sus innmensas posesiones) Si bien el santo alabó su espíritu, le dijo que sólo lo tomaría si escogía a alguien hábil como él mismo, para guiar los asuntos del pueblo. Recién entonces podría volcarse a los asuntos de Dios sin descuidar su responsabilidad…

Abajo, una famosa miniatura mostrando al príncipe Darío reunido con Mian Mir. Este príncipe fue quien costeó la construcción del presente mausoleo del santo en Lahore (abajo)

Junto al mismo se halla el mausoleo de su esposa

“La búsqueda de Dios no es algo fácil. Alcanzar a Dios representa una ardua labor. A menos que te pierdas en su búsqueda, nunca lo hallarás por la simple razón que el corazón es uno, y un corazón solo puede albergar una sola cosa. Luego se requiere perseguir el ideal con absoluta devoción libre de distracciones. Para ello cesarás de tus contactos con el mundo y abrazarás la renuncia, pues estando embarullado en el mundo nunca podrás a llegar a ser un iluminado y no podrás prestar tu atención indivisa a la vía recta”

Falleció a edad avanzada (88) y cientos de discípulos eventualmente perpetuaron hasta el presente su “vía” o camino de acercarse a Dios (es decir, una orden religiosa sufí)

Su tumba se halla en la ciudad de Lahore, Paquistán (mapa) Hoy como ayer es un santuario (dárbar, dárgah) concurrido, según la tradición, por miles de peregrinos, en particular para el aniversario de su muerte (urs) Entonces se llena de multitudes entre las que deambulan los hombres santos (fakires) y los intérpretes de música sacra (qawalis)

Abajo, fotos del santuario de Mian Mir en Lahore, Paquistán

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